14 noviembre, 2018

241: QUE NO TE SALGAS DEL RENGLON



"I AM WHAT I AM". Nunca la dominación ha encontrado una palabra de orden más insospechada. El mantenimiento del Yo en un estado de semi-ruina permanente, en un medio-desfallecimiento crónico es el secreto mejor guardado del actual orden de las cosas. El Yo débil, deprimido, autocrítico, virtual es por esencia este sujeto indefinidamente adaptable que precisa una producción basada en la innovación, la acelerada obsolecencia de las tecnologías, el constante cambio de las normas sociales, la flexibilidad generalizada. Es a la vez, el consumidor más voraz y, paradójicamente, el Yo más productivo, el que se arrojará con la mayor energía y avidez sobre el menor proyecto, para regresar más tarde a su estado larvario original.

(...)

"Es preciso saber cambiar, tú sabes". Pero, tomados como HECHOS, mis carencias también pueden contribuir al desmantelamiento de la hipótesis del Yo. Se convierten en actos de resistencia en la guerra que se libra. Se vuelven rebelión y centro de energía contra todo con lo que conspira para normalizarnos, para amputarnos. EL YO NO ES QUIEN ESTA EN CRISIS EN NOSOTROS, SINO LA FORMA CON QUE SE BUSCA IMPRIMIRLO EN NOSOTROS. Se quiere hacer de nosotros unos Yo claramente delimitados, separados, clasficables y censables por cualidades, en resumen: controlables, cuando somos criaturas entre las criaturas, singularidades entre las singularidades, carne viva tejiendo la carne del mundo.

De "La insurrección que viene" (p16 + p18), por el Comité Invisible (edición arg.)-> https://translationcollective.files.wordpress.com/2010/09/la_insurrecccion-que-viene-def1-12.pdf



(inspiration pad)

07 noviembre, 2018

240: NOW






(Cia Rinne: L'usage du mot, 2016)

31 octubre, 2018

239: DADA



...más vale mencionar nuestros caballitos (dadas) al paciente, porque igual él adivina su presencia. ¿Juguete de niño, ese caballito (dada)?

-Usted trabaja sobre sus propias cosas -dice a la analista, asombrada de verse descubierta-. Pero además no es suyo ni mío -continúa el paciente, adueñándose sin vergüenza del objeto que se vuelve así convención-. Por otra parte, ¿qué querría decir MI o SU propia cosa en esta ocasión? Ni usted ni yo existimos como propietarios de egos bien delimitados, ni de corceles bien entrenados, si ambos estamos preocupados en un camino sembrado de obstáculos en el que además uno está siempre en el mismo lugar, ¿no?

(F. Davoine y J-L. Gaudilliere: Historia y trauma. La locura de las guerras. CABA: FCE, 2013, p268)

27 julio, 2018

237: MI NOMBRE ES PELIGRO



Criticaría las industrias culturales si marchan como meramente instrumentales, armazones ya dados, sin que la pregunta retórica, con su pleno ser linguístico, consiga tocarlas. No obstante, no dejo de admitir que la lucha por la verdad es lo que surge de la obligación de encararla y de lo que a cada paso ella misma nos hace ver sobre la dificultad por definirla. Porque el gran teatro del mundo está hecho de tejidos y fragmentos, infinitamente repuestos, de viejas teorías derrocadas sobre las cuales se alzan provisoriamente las nuestras. No creo en las viejas distinciones entre tecnología y humanidades, ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu, ciencias del lenguje proposicional y ciencias literarias, ciencias duras y ciencias culturales, ciencias físico uímicas y ciencias blandas. Tampoco creo que pueda ser de mucha mejor ayuda para repensar la universidad, la creencia de que hay conocimientos estables vigilados por castas togadas. Y que nuestro papel sea el de convertirnos en intermediarios, divulgadores que posibilitan que la universidad llegue a un estrato mayor de personas, creando de este modo un nuevo proletariado de los saberes o consumidores culturales que nacen en una servidumbre voluntaria, que creen que los emancipa. La universidad es la totalidad, el saber más exigente y no el medrugo ya docilitado que ofrecemos con urgencias, que solemos justificar con la excusa de la abuena didáctica. Es que no me dispongo a creer en la hibridación o interdisciplina de todos esos saberes que se declaran rápidamente conjugables luego de ser desglosados con no menos premura y afán de desglosarlos en mónadas sedativas. No adhiero ni a su fusión súbita ni a la creación de un único canon ue los distribuya como una división de trabajo perfecta en una fábrica taylorista. Los saberes entrelazados son el necesario espíritu de conocimiento, pero con su mancomunión siempre en discusión, siempre desafiada por el vacío de la inconclusión, la imposibilidad de la interconexión previsible y canónica. El saber es lo que ocurre alrededor de un permanente hueco que siempre nos invita o nos amenaza.

_Horacio González, en "Discurso Honoris Causa" (dentro de Saberes de pasillo. Universidad y conocimiento libre, Buenos Aires: Paradiso, 2018, pp. 192-193)


(facebook.com/alegriapolitica, 24julio2018, por PIT)


20 julio, 2018

236: Y



Y esa voz aguda, semejante a una sierra, lanzaba unos gritos tan extraños desde la desdentada boca que parecía que en cualquier momento saldría de ella un animal pequeño y blanco.

Christine Lavant: Notas desde un manicomio (erratanaturae, 2018, p7)



(nuevo diseño para diamantes, por Swarovski, presentado en la Design Miami Basel/18)


14 julio, 2018

235: I APOLOGIZE



El periodismo padece, cuando menos, tres enfermedades: la primera es el apetito desmedido por el click, ¿cierto? Hoy el periodista está demasiado consciente de la reacción inmediata de la masa y se guía por ella, en otras palabras, un ciego guía a otro ciego y juntos caen a un pozo. Segundo, al periodista promedio le cuesta mucho entender cualquier sutileza, tiene su mente y su corazón divididos en secciones tan grotescas como las de un periódico, lleno de frases efectistas como las de un periódico y, para rematar, atiborrado de anuncios comerciales, como un periódico. El periodista, como la mayoría de la gente, ya no tiene tiempo para ver, para oír o para leer serenamente. Todo es Twitter, Whatsapp, Instagram, todo lo que come es inmediato y desnutrido. No tiene interés por generar un sólo pensamiento original pero sí por adherir a las causas más gritonas. No se relaciona con la naturaleza, factor importantísimo y subestimado. No busca la consistencia. Aspira a trabajar en medios cuyos dueños son los malditos más malditos del país. En fin. Y el tercer punto, acaso el más profundo, es que el periodista ha perdido la curiosidad. Infinidad de veces me encuentro frente a un entrevistador a quién realmente no le interesa preguntarme nada, que está ahí porque su editor se lo ordenó. Y el editor lo mandó porque sí, porque es una banda de moda. Pero el periodista en realidad no quiere saber nada, no quiere discutir nada de verdad. Entonces se pone a repetir como loro lo que ha oído o leído por ahí, para completar el trámite. Es muy tedioso. Yo intento trabajar en conjunto con el periodista, pues entiendo que ambos somos parte del circo. Yo necesito promocionar el disco, él necesita hacer noticias. Y lo del circo no lo digo despectivamente, me encanta un circo cuando está bien armado. Por ejemplo, cuando dicen que el parlamento es un circo, yo disiento: un circo es un espacio de amor, de disciplina, de esfuerzo y de coordinación. En este país es muy difícil levantar un circo de verdad, que estimule a grandes y chicos, que sorprenda, que haga magia. Yo gustoso de hacer mi modesto papel de payaso, pero el periodismo no da el ancho. La opinión pública, gestada por medios y comentaristas de internet en conjunto, es de una debilidad lastimosa que rompe el corazón. Esta sociedad se ha lobotomizado a sí misma. Y el periodismo, noble oficio que tanto podría influir en el fortalecimiento nacional, no escribe nunca por amor. Nunca. Hace la pega porque hay que hacerla y después al depa a ver una serie en Netflix, que mañana es otro día. No siente amor por la gracia, por el detalle delicado, por la idea sutil. Todo tiene que ser estereotipado, tosco, imbécil, pintado a brocha gorda. Porque el periodismo, y con esto termino, no escribe con amor sino con miedo. Miedo a no obtener clicks, no obtener suficientes “me gusta”, suficientes comentarios, o sea miedo a ser impopular y miedo a perder la pega. Y si en la pasada tiene que hacer el papel del escolar que sujeta al más chico para que el más grande le pegue, bueno, lo hace, pega [trabajo] es pega. Y lo peor de todo es que creo que el periodista no es culpable, porque no es la malicia lo que lo empuja, sino la inocente estupidez.


Cristóbal Briceño, cantante de Ases Falsos, entrevistado por IndieHoy (17noviembre2016)



 (SUPERSTORE temp.1, cap.1)