05 enero, 2013

59: I DON'T WANT TO BELIEVE



Si algo ha mostrado el siglo xx, fue que la dialéctica era una diablesa que no se dejaba reeducar fácilmente en las minuciosidades profanas del trabajo científico. Aunque primero actuaron en el mundo de las ideas de Platón y Hegel, pasando por Vico, los daños de su magia negra fueron después directamente políticos. La gran ilusión de Marx, sin duda fue haber creído que bastaría con una lección de buena conducta materialista para ponerla en el camino recto. La certidumbre de que existe una lógica del cambio histórico ha perpetuado el maleficio hegeliano en el camino de Marx, haciéndole inscribir en la estructura misma del modelo de reproducción de un modo de producción una CONTRADICCIÓN CENTRAL, a la vez económica y sociológica, capaz de conducir, con toda necesidad lógica, el funcionamiento del sistema a la "crisis" del funcionamiento y a su superación histórica. Indirectamente, aún se nota la nostalgia de la lógica dialéctica, que opera subterráneamente en la sistematización de los hechos, cuando se quiere encontrar en las "tensiones", las "oposiciones", las "aporías" internas de un sistema social o cultural el MOTOR y el PROGRAMA de su cambio histórico, la clave universal del paso del equilibrio sincrónico a la evolución diacrónica.

Jean-Claude PASSERON,
"IV. Hegel o el pasajero clandestino. La reproducción social y la historia",
en El razonamiento sociológico, Madrid, Siglo XXI, p.181