06 enero, 2014

103: MERCY




Consciente de todas las expectativas que estaba obligado a contrariar, de todos los dogmas indiscutidos de la convicción "humanista" y la fe "artística" que estaba obligado a desafiar, a menudo he maldecido el sino (o la lógica) que me forzaba a tomar, con pleno conocimiento de causa, un partido tan poco agrdecido, a iniciar, únicamente con las armas del discurso racional, un combate --tal vez perdido de antemano-- contra fuerzas sociales tan desproporcionadas como el peso de los hábitos de pensamiento, los intereses creados alrededor de la cultura, las creencias culturales legadas por siglos de culto literario, artístico o filosófico.
Un sentimiento tanto más paralizante cuanto que mientras escribía sobre la scholé, todas esas cosas, no podía dejar de sentir los efectos del rechazo a mi discurso. Jamás había sido consciente con tanta intensidad de lo insólito de mi propósito, especie de filosofía negativa expuesta a parecer autodestructora. En otras ocasiones, para tratar de adormecer la angustia o la ansiedad, me he asignado, a veces explícitamente, el papel de escritor público y he intentado convencerme --y también a quienes arrastraba conmigo-- de la certeza de ser útil al decir unas cosas que no son dichas, pero que merecen serlo. Ahora bien, dejando de lado esas funciones de "servicio público", por así decirlo, ¿qué otras justificaciones podría aducir?
Nunca me he sentido verdaderamente justificado por existir en tanto que intelectual. Y siempre he intentado --y también aquí-- exorcizar todo lo que, en mi pensamiento, pueda vincularse con ese status, como el intelectualismo filosófico. Nunca he querido ser un intelectual, y todo lo que pueda sonaren mis escritos, a antiintelectualismo va dirigido, sobre todo, contra lo que queda en mí, pese a todos mis esfuerzos, de intelectualismo o intelectualidad, como la dificultad, tan típica de los intelectuales, que tengo para aceptar de verdad que mi libertad tiene sus límites.


Bourdieu, Pierre (1999) Meditaciones Pascalianas. Barcelona: Anagrama. Pp. 16-17.




(Mercy, 2014)