03 enero, 2017

157: ESCRIBIR


Wu-wei
Yo era muy joven, había comenzado apenas mi carrera docente y creía pretenciosamente que un profesor de filosofía tenía por misión provocar grandes disturbios en la cabeza de los adolescentes; planeaba cada clase como una gran provocación. Ese día propuse discutir el suicidio, la legitimidad del suicidio. Dejé hablar a todo el mundo y poco a poco la discusión fue convirtiéndose en un happening. Solo una chica de ojos muy negros no dijo nada y escuchaba todo con atención; parecía medir cada argumento con mucho cuidado. A la semana siguiente me llamó la atención su ausencia. Durante la clase, la directora responsable del establecimiento me mandó a llamar para darme la penosa noticia de que la estudiante Daniela Crétien había muerto el martes último -"justamente el día de su clase", agregó como al pasar- en un accidente lamentable que nadie aún podía explicarse. interrumpí la clase y la docencia para siempre y me gané la vida haciendo trabajos manuales. Años más tarde un viejo pescador me encargó un cuchillo de pesca. Estuve un mes haciéndolo, trabajando delicadamente cada una de sus partes. Poco tiempo después, una tarde, el pescador asesinó a su mujer, al parecer un crimen pasional. Supe que el arma homicida había sido el cuchillo. Abandoné todo oficio para siempre. Vivo de la generosidad de un pariente -que cree que he perdido la razón- con la única aspiración de no hacer nada, de lograr un abandono absoluto.

Tengo miedo de esta página que destruiré de inmediato.


_Diego Tatián, en Los seres y las cosas, dentro de "Lugar sin pájaros" (Bs As: Biblioteca Nacional, 2014, p33)



*Detalle de una visita al taller de Elisabeth Mladenov ->