28 junio, 2017

171: TEATRO Y COMUNICACIÓN


En el Teatro Municipal retiran las bambalinas, los restos de decorados y levantan el telón de fondo que cubre los ladrillos blanqueados a la cal. Luego, demuelen esa pared.

A las cinco y media de una tarde del mes de mayo, las plateas y palcos están repletos. Apagan las luces de la sala, se levanta el telón y aparece el escenario completamente vacío, los árboles que agitan sus hojitas amarillas
sobre la cortada de Portugal, los últimos rayos del sol iluminando las cornisas de las casas, autos estacionados, autos que pasan, una pareja de novios que caminan abrazados y se besan, sin orquesta, sin músicos invitados, sólo el brillo apagado de las cosas que se mueven al atardecer y que el público observa emocionado sin creer que pueda existir algo semejante, la noche y su viento húmedo entra desde la boca del escenario y produce una ligerísima acústica en las filas del paraíso.

De pronto, alguien que casualmente pasaba por la vereda se detiene intrigado y mira hacia el interior del teatro; se sube al escenario y viendo la sala completamente oscura pregunta: “¿Hay alguien ahí?”. Entonces el público estalla en un aplauso mezclado con lágrimas, se encienden las luces y muchos ingresan al escenario para abrazar al desconocido.


-> fragmento de "Cuadernos de lengua y literatura VIII", por MARIO ORTIZ (Eterna Cadencia, 2014)

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