24 octubre, 2017

197: HECTOR PRETENDIA TRANSMITIR, TRANSMITIR, TRANSMITIR



Héctor pretendía que en el texto compuesto de su libro cada renglón quedara ubicado en el mismo renglón de la misma página que él había previsto en su original mecanografiado y foliado como libro impreso.
-No, Héctor -le objetaba yo--, así no les facilitás el trabajo. Así los volvés locos.
Pero él, que mantenía con las computadoras una relación de cordial y mutua indiferencia y que no tenía -ni quería tener- la más mínima idea de los métodos de composición modernos (su ya clásico Nueva escritura en Latinoamérica, con aquella tapa de Monte Ávila que reproducía una matriz de plomo, y aquellas páginas que todavía delatan al roce de un dedo su composición al modo antiguo, anunciaban tal vez, ya desde 1977, ese destino), descartaba mis objeciones con paternal desdén:
-No, nene, yo les facilito las cosas. Ellos ya saben dónde tiene que caer cada línea.
Pienso ahora que esos originales mecanografiados, que Héctor pretendía fueran respetados línea a linea en la composición del libro, eran tan herméticos para el tipógrafo (rectius: para quien tuviera que componer su libro en una computadora; llamémosle "tipógrafo" por comodidad), como sus textos eran herméticos para el lector. Y que en ese hermetismo, en esa oscuridad, Héctor encontraba una forma exquisita del silencio. O de aquella idea que repetía siempre: no comunicar, transmitir.


__Ricardo Strafacce, en "Arena de verdad" (El efecto Libertella, Rosario: Beatriz Viterbo editora, 2010, p.30-31)



(https://www.etsy.com/shop/flatearthstudio)