06 noviembre, 2017

200: COMO LAS ABEJAS




No debemos casarnos ni criar hijos, puesto que nuestra especie es débil y el matrimonio  y los hijos sobrecargan de pesares la debilidad humana. Los que recurren, en efecto, al matrimonio y a la crianza de hijos como a una ayuda, al advertir después que son motivo de más disgustos, se arrepienten, cuando les habría sido posible evitarlo desde el principio. El hombre impasible, en cambio, por considerar que es suficiente lo propio suyo para su capacidad de resistencia, rehúye el matrimonio y el nacimiento de hijos. "¡Pero la vida quedará desierta de hombres! Porque, dirás, ¿de dónde vendrá la sucesión?". ¡Ojalá, por cierto, que la blandura abandonara la vida por habernos convertido a todos en sabios! Mas actualmente sólo el que sea persuadido por nosotros se retraerá, posiblemente, pero la vida en su conjunto seguirá engendrando hijos sin dejarse persuadir. Y si la especie humana desapareciera, ¿acaso merecería lamentarse tanto como si desapareciera la generación de las moscas o de las avispas? Pues aquellas palabras son propias de los que no han examinado la naturaleza de los seres vivos.
_Epístola pseudodiogénica n47, a Zenón de Citio (en J.A. Martín García: Los filósofos cínicos y la literatura moral serioburlesca, Madrid: Akal, 2008, p427)


(The Handmaiden's Tale, s1 e5)